Colombia

Armero, el pueblo colombiano que desapareció tras una erupción volcánica

En la actualidad, las ruinas de este pueblo sirven como un espacio de peregrinación y reflexión.

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Armero, el pueblo colombiano que desapareció tras una erupción volcánica
Eupción volcánica. Armero, el pueblo colombiano que desapareció tras una erupción volcánica. Canva

Algunos pueblos del mundo han surgido por algún hecho histórico destacable. Pero también está la otra cara de la moneda: pueblo o ciudades que desaparecieron de un día para otro por tristes motivos. 

Este es el caso de Armero, un pueblo colombiano que fue protagonista de uno de los momentos más tristes del país: una erupción volcánica que terminó con todo. 

La historia de Armero, uno de los pueblos más importantes de Colombia

La tragedia de Armero, ocurrida el 13 de noviembre de 1985, representa uno de los episodios más devastadores en la historia de Colombia y el segundo desastre volcánico más mortífero del siglo XX a nivel mundial.

Este trágico hecho no solo borró del mapa de Colombia a una próspera comunidad, sino que transformó para siempre la gestión de riesgos naturales en la región.

Antes de la catástrofe, Armero, ubicado en el departamento de Tolima, era un centro agrícola vibrante y estratégico. Fundado oficialmente en 1895, recibió su nombre definitivo en 1930 en honor al prócer José León Armero.

Además, este pueblo se consolidó como el principal productor de algodón y arroz de la zona, ganándose el apodo de la "Ciudad Blanca". Para mediados de los años 80, albergaba a casi 30.000 habitantes y gozaba de una economía sólida, con instituciones educativas y un futuro prometedor.

Su ubicación geográfica en el valle del río Lagunilla lo situaba en el camino natural de posibles flujos de lodo provenientes del volcán Nevado del Ruiz. Aquella fatídica noche de noviembre, tras meses de señales de actividad, el volcán entró en erupción, fundiendo parte de su glaciar. El agua resultante se mezcló con tierra, rocas y escombros, creando un lahar (flujo de lodo) que descendió a gran velocidad por los cauces de los ríos.

Cuando llegó a la zona urbana, la masa de lodo cubrió casi por completo el pueblo en cuestión de minutos. Uno de los casos más impactantes fue el de Omayra Sánchez, quien fue inmortalizada con una fotografía. 

Tras el desastre, el gobierno colombiano declaró el sitio como Campo Santo y Monumento Nacional. El pueblo nunca fue reconstruido en su ubicación original; en su lugar, los sobrevivientes fueron acogidos en el nuevo municipio de Armero-Guayabal.

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